EL PLANETA ELISA

Luis de Gilmárquez

El planeta Elisa no puede encontrarse en los libros de astronomía, ni puedes verlo a través de un telescopio. No es necesario para pisar su superficie ningún traje presurizado, ni hacen falta años luz para viajar hasta él. Algunos dudarán de su existencia, es más, algunos nunca llegarán a conocerlo. Yo estuve allí y desde entonces lo visito a menudo. Sé que es complicado explicar que hay un universo dentro de nosotros mismos, probablemente el único universo real dentro de la irrealidad de nuestras vidas.

Conocí a Elisa casi por casualidad, alguien me habló de ella en un tren y me sentí pasajero de su vida. Elisa tenía 14 años cuando se desmayó por primera vez. Fue sobre un tatami en uno de sus entrenamientos de judo, en un principio parecía un desmayo fortuito y sin importancia. Después los desmayos se producían casi a diario, a la vez que se iban sumando síntomas a su cuerpo. Pérdidas de memoria, desorientación, temblores. Hasta olvidó la tabla de multiplicar quedando los números desordenados en su cabeza con la melodía infantil de siempre.

Luego vino ese peregrinar por consultas y hospitales, análisis, pruebas, ingresos y médicos que buscaban una explicación a la tormenta que Elisa sufría cada día en su organismo aun adolescente.

Hoy Elisa es una mujer adulta y sigue sin tener un diagnóstico para su enfermedad terrestre. Después de más de veinte años estudiando su caso, nadie ha conseguido destruir el fantasma que agita los músculos de Elisa hasta el cansancio, nadie ha conseguido arrancar la mala hierba que crece en su sangre perfecta. Cuando sonríe o cuando te cuenta sus cosas con esa energía desbordada, no puedes ni siquiera imaginar que en cualquier momento volverá a quedarse sin pilas ante tu mirada impotente.

No pongo en duda la ciencia y sus adelantos, ni quiero con mi lenguaje poético dar falsas esperanzas a personas que como Elisa, no encontraron el motivo de su malestar en este planeta azul llamado tierra. Aquellos que hace siglos fueron quemados en la hoguera por brujería, los mismos que hoy son derivados a las consultas de salud mental y atiborrados de pastillas hasta la locura.

Prefiero pensar simplemente que no son de este planeta, pensar que la tierra no les ofrece las condiciones medioambientales para su vida. Así nació la idea de; El Planeta Elisa, un lugar al que se llega a través de la paciencia y la lucha, a través de la humildad y las ganas de vivir. Un planeta impreso en nuestras células desde el origen de los tiempos.